Actualmente damos la posibilidad de realizar nuestras terapias de forma Online

Un enfoque distinto y único

Acudir a terapia es un acto de valentía

Centro Psicologico SMC

El Centro

Incorporamos una metodología integral para poder abordar la salud de cada persona de una forma holística.

Servicios

Programas adaptados a la situación psicosocial de la persona. Ofrecemos un servicio de terapia de bajo coste, bajo disponibilidad. Realizamos colaboraciones con centros para fomentar las actividades de autocuidado.

Tratamiento

Patologías somáticas, intervención en enfermedades, preparación pruebas diagnósticas, estrés crónico, alteración emocional, dependencias y adicciones, terapia de pareja y familia, programa de empresas.

Terapia Online

Ofrezco tratamiento a través de medios online para poder ayudarte en cualquier momento.

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«Nunca había acudido a un centro de psicología. Al principio vas con miedo, con mucho miedo por puro desconocimiento pensado: esto no para mí. Tenía razón esto no es para mí, debería de ser para todo el mundo. Gracias a todo el equipo.»

A.F.

«Un nuevo concepto de clínica totalmente integral que nos hace sentir como en casa. Nuestro hijo ha empezado a evolucionar desde la tranquilidad de un entorno totalmente evolvente. Gracias a Sofía por hacer de tu trabajo de vida.»

L.A.

«Había acudido a muchos centros de Psicología por una enfermedad y Sofía y su equipo no solo me han enseñado a comprender la situación, si no ha diseñado un programa de mejora de vida transversal que trabaja la parte psicológica y física. He vuelto a nacer.»

E.H.

Colaboraciones de prestigio y sellos de calidad

Calidad Garantizada

Centro Psicológico SMC es un Centro Autorizado por la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid con Nº CS15242.

El centro dispone de distiguidos sellos de calidad como por ejemplo Psico.org y colabora con entidades de prestigio como CronoShare Profesional y FOM, la Fundación José Ortega y Gasset – Gregorio Marañón.

Centro Psicológico Salud Mente Cuerpo dispone de profesinales de prestigio que colaboran con algunas de las entidades más importantes del mundo como la Universidad de Minesota.

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El Reto de Septiembre

¿Problema o trastorno? ¿Cuál es la diferencia?

A lo largo de la vida, nos enfrentamos a numerosos problemas y dificultades cotidianas que nos vemos obligados a manejar para continuar con el día a día. Este manejo y su posible resolución generan bienestar y permiten, en la mayoría de las ocasiones, avanzar. Sin embargo, la falta de estrategias o la incapacidad para manejar algunas situaciones pueden aumentar el malestar emocional y la angustia, llegando a desencadenar problemas mayores que deriven en trastornos, ya sean físicos o psicológicos. Este tipo de situaciones pueden estar influenciadas por nuestra forma de pensar, actuar o sentir y generan un alto grado de sufrimiento, aunque la propia persona no siempre sea plenamente consciente de ello.

En la actualidad, está aumentando la tendencia a acudir a terapia a causa de estos problemas que generan insatisfacción personal y sufrimiento, como una ruptura de pareja, dificultades en la convivencia, un duelo por la pérdida de un ser querido, estrés laboral, etc. Estas nuevas demandas terapéuticas están relacionadas con cambios sociales y con una mayor exigencia en la calidad de vida, además de por la medicalización de la vida diaria (Echeburúa, Salaberría, & Cruz Sáez, 2014).

Según el DSM-5, un trastorno hace referencia a: «patrones de comportamiento de significación clínica que aparecen asociados a un malestar emocional o físico de la persona, a una discapacidad, al deterioro en el funcionamiento cotidiano, a la pérdida de libertad o incluso a un riesgo significativamente aumentado de implicarse en conductas contraproducentes o de morir prematuramente”.

Por esto, podemos entender un trastorno como una alteración del estado de salud, debido o no a una enfermedad, donde un cambio problemático y, por tanto, desadaptativo afecta al procesamiento general de la persona e interfiere en su vida diaria de una manera muy significativa.

Aunque a veces se nos olvide, no solo existe el dolor físico, sino que también experimentamos dolor psíquico a través de las emociones, pensamientos, impulsos, recuerdos… que preocupan e incomodan y no encontramos la manera de afrontar.

En conclusión, actualmente el motivo de consulta de las personas que acuden a terapia se relacionan con situaciones de malestar emocional y no con trastornos con un nombre clínico, síntomas y tratamiento concreto. Se trata de aquellos que se sienten sobrepasados por sus dificultades cotidianas y carecen de las estrategias de afrontamiento necesarias, apoyo familiar o social, etc. para hacer frente a ello.

Preguntas para reflexionar

¿Dónde está el límite entre una dificultad personal y pasajera y un problema que realmente está condicionando el día a día? ¿Hasta qué punto influye este desconocimiento para acudir a terapia? ¿Promovemos los psicólogos esta indiferencia en los términos en nuestras sesiones?

Bibliografía

Echeburúa Odriozola, E., Salaberría Irízar, K., & Cruz Sáez, M. S. (2014). Aportaciones y limitaciones del DSM-5 desde la Psicología Clínica. Terapia Psicológica. Revista Chilena de Psicología Clínica32(1), 65–74.

El etiquetado a nivel social

La desinformación asusta; el no saber inquieta. La falta de conocimiento, por ende, es peligrosa.

¿De que maneras combatimos entonces el desconocimiento y la falta de información? Los “heurísticos” son atajos mentales que generamos inconscientemente para explicar o entender una realidad incompleta, de la que no tenemos toda la información. En la sociedad en la que vivimos, la salud mental es la gran desconocida entre el grueso de la población. Y ni que decir tiene las diferentes patologías, trastornos, síntomas y realidades de las personas que las padecen; son los grandes incomprendidos y la gran diana del estigma social. Esto hace que, al no entenderlo, se generen estereotipos y creencias erróneas que dan una falsa sensación de conocimiento y estructura, generando este estigma.

En línea con esto, aparece la etiqueta y su función. A nivel social, la etiqueta serviría como un atajo cognitivo más, una forma de procesamiento cognitivo que utiliza el cerebro como forma de economizar el tiempo y el esfuerzo a la hora de tener que categorizar la información que continuamente recogemos del contexto en forma de inputs; se le denomina “economía cognitiva”. De esta forma, el cerebro genera los estereotipos con los que jugar a la hora de categorizar.  Si aplicamos la idea del etiquetado a los diagnósticos psicológicos, la cosa empieza a peligrar; sobre todo por cómo son vistas y utilizadas las etiquetas en el imaginario colectivo de la sociedad actual. Estas etiquetas siguen estando muy ligadas a un imaginario basado en creencias erróneas y distorsionadas de una época pasada en la que reinaba la ignorancia sobre estas problemáticas.

Al igual que una etiqueta diagnóstica puede ser una gran ayuda y servir de alivio para un paciente a nivel personal, a nivel social puede suponer una carga con la que lidiar en su día a día. Esto se debe a que la etiqueta a nivel social, solamente sirve como contenedor de rasgos o características estereotipadas y sacadas de contexto que se le otorgan a una persona de manera prejuiciosa. Además, gran parte de esos estereotipos ligados a las etiquetas son negativos, lo cual genera un estigma con el que es muy complicado vivir.

 

Esta dinámica se ve muy claramente representada en las personas con un diagnóstico de trastorno mental grave, como por ejemplo, esquizofrenia o trastorno límite de la personalidad. Estas personas, al salir a la calle con el diagnóstico, acaban siendo la diana de miradas y pensamientos distorsionados de la realidad que ellos viven, siendo algunos de estos el miedo. No es extraño encontrarte a gente con creencias como: un esquizofrénico puede matarme; un esquizofrénico no puede tener trabajo; a un esquizofrénico se le puede ir la cabeza de repente y hacerme daño. Para el grueso de la población, el desconocimiento les lleva a igualar la esquizofrenia con peligro y miedo, lo que genera un rechazo que es palpable en la vida de estas personas.

En este sentido, los medios de comunicación también juegan un papel importante en la producción del miedo, rechazo y estigma hacia el colectivo de personas con trastorno mental. Se debería de poner más cuidado a la hora de exponer según qué noticias en el telediario público, ya que la mayoría de las veces no cuentan con la suficiente minuciosidad en la información y dan voz a situaciones que están lejos de ser representativas de este colectivo.

 

¿Debemos de hacer un esfuerzo por rediseñar las etiquetas del imaginario colectivo de nuestra sociedad? ¿Es la educación en las aulas la vía para ello?

¿Se debería de ilegalizar que según qué noticias se hagan públicas?

¿Debemos de rediseñar la forma en la que exponer una noticia de agresión/violencia/asesinato producido por una persona con trastorno mental? ¿Deberían los psicólogos estar involucrados en el proceso o al menos que los periodistas encargados estén formados?

 

Baumann, A. E., (2007). Stigmatization, social distance and exclusion because of mental illness: The individual with mental illness as a “stranger”. International Review of Psychiatry, 19(2), 131-135 doi:10.1080/09540260701278739

Etiquetado ¿Beneficioso o Iatrogénico?

No cabe la menor duda que las etiquetas diagnósticas cumplen una función muy importante y beneficiosa de cara a la comunicación entre profesionales. Comprenden una serie de características psicológicas dentro del diagnóstico descrito, que facilitan el entendimiento del malestar del paciente. También, pueden resultar muy útiles para aquellos pacientes que sienten que algo no va bien, pero no llegan a entender qué es lo que le sucede, o incluso sus amigos o familiares -al tampoco llegar a comprenderlo- le culpan de sus acciones y síntomas. En dichas situaciones, la etiqueta diagnóstica puede esclarecer todas las dudas que tenía la persona, sobre las razones de su propio malestar, pudiendo disminuir además la sensación de culpa. Al mismo tiempo, el entorno podrá comprender el porqué del malestar de la persona , entendiendo que se debe a causa del trastorno psicológico que se le ha diagnosticado. Ser más comprensivo, tanto con el pasado, como con el presente y futuro del paciente, parece el nuevo camino a seguir.

Sin embargo, a pesar de la existencia de aspectos positivos, las etiquetas diagnósticas pueden resultar iatrogénicas para el paciente.

El diagnóstico puede disminuir la angustia de la persona, pues da una explicación a su manera de actuar, pensar o sentir. Sin embargo, esa tranquilidad que aporta, en forma de justificación de su malestar, puede encasillar a la persona en lo que se denomina rol de enfermo. Es decir, la persona al formar parte de la etiqueta de un trastorno, acaba justificando cualquier acción desde la propia enfermedad que le han diagnosticado, renunciando a la potencialidad que tiene como persona para cambiar o actuar distinto. En otras palabras, para la persona la etiqueta puede convertirse en la coartada perfecta de cualquier forma de actuar. Todo pasaría a estar justificado bajo su diagnóstico y por tanto, no se le puede responsabilizar de ello. Realizando un símil, es como un barco sin capitán ni tripulación, navega donde le llevan las olas, nada puede impedirlo y nada distinto se puede esperar, pues nadie dirige el buque.

El paciente deja de ser persona, para convertirse en el trastorno que le han diagnosticado. Su identidad pasa a ser la etiqueta psicológica, que le ha proporcionado comprensión acerca de lo que le pasa, pero que al mismo tiempo ha provocado la renuncia a su libertad. La libertad y la responsabilidad son hermanas gemelas y una va siempre acompañada de la otra. Si una persona deja de considerarse responsable de sus acciones y de su vida, su libertad disminuirá proporcionalmente. Recuperarse de dicho diagnóstico que ha aparecido en su vida, parece más complicado, puesto que se está partiendo desde una posición estática en la que uno es el trastorno que padece. Es como comenzar una disputa en la que ya comienzas perdiendo.

 

Reflexiones:

¿Te gustaría que tu terapeuta te comunicara tu diagnóstico?

¿Qué es lo que más te ayudaría de saber el nombre de la etiqueta diagnóstica?

¿Qué es lo que menos te gustaría de saber tu diagnóstico?

 

Echeburúa, E., Salaberría, K., & Cruz-Sáez, M. (2014). Aportaciones y limitaciones del DSM-5

desde la Psicología Clínica. Terapia psicológica32(1), 65-74

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