Ansiedad y necesidad de control

Por Anet Diner

Existe una relación directa entre la ansiedad y la necesidad de control. Cuando tenemos ansiedad nuestro sistema de alarma está alterado, nos sentimos temerosos, siempre alertas y percibimos todo como peligroso y hostil. Intentar controlar las cosas nos da una sensación de falsa tranquilidad.

La ansiedad se alimenta de ansiedad, cuanto más miedo tengamos, cuanto más intentemos controlarlo todo, más ansiedad nos genera y al final generamos un círculo vicioso, la pescadilla que se muerde la cola.

Hace mucho que vivimos en tiempos de incertidumbre, si a esto le sumamos que constantemente tenemos que tomar decisiones sin conocer que resultado tendrán, si saldrán bien o mal, hace que todo sea muy complicado y que nos genere ansiedad. Esto hace que tengamos una tendencia a querer controlar aquello que nos rodea. Para sentir más seguridad y poder sobre la incertidumbre, para intentar no sentir tanta ansiedad y desasosiego.

El problema es que la ansiedad y la necesidad de control van muy de la mano de la autoexigencia. Queremos estar en todas partes, saberlo y controlarlo todo. Abarcar más de lo que podemos y no cometer errores, lo cual nos genera más ansiedad y sensación de agotamiento y desbordamiento.

La autoexigencia nos lleva a querer controlarlo todo y querer hacerlo todo bien, nos lleva hacia un perfeccionismo un poco patológico que nos da como resultado estar siempre preocupados y angustiados.

Querer controlarlo todo también se relaciona casi siempre con el miedo a fracasar, la baja tolerancia a la frustración, la inseguridad. Y como estamos rodeados de incertidumbre, cuando nos encontramos frente a situaciones imprevistas o las cosas no salen como lo planeamos, se desencadena la ansiedad.

El control puede consistir en:

  • Repasar y analizar paso a paso la situación para asegurarse no dar ningún paso en falso.
  • Fantasías que intenten explorar las diferentes posibilidades que pueden suceder y así intentar ver todas las variables y estar preparados.
  • Intentar explorar mentalmente situaciones similares y tomar medias para que no ocurra lo mismo.
  • Evitar ciertas situaciones deliberadamente y así asegurarte que nada desagradable o inesperado va a pasar.

Lo importante en estos casos es tratar la ansiedad y la inseguridad que suelen ser la raíz del problema. Una vez que entendamos el origen de la ansiedad, es muy probable que baje la necesidad de control y permitamos que fluyan las cosas. Para esto es esencial buscar ayuda profesional y que la terapia nos pueda dar más herramientas para gestionar inseguridades, miedos, estrés.

También puede que sea necesario buscar herramientas que nos ayuden a organizarnos mejor, aprender a diferenciar lo urgente de lo importante y a saber cuáles son nuestros límites. También a entender lo importante del descanso y de hacer cosas que nos gusten para liberar ansiedad.

Qué hacer ante la necesidad de control y la ansiedad:

  1. Date cuenta de que este es tu modus operandi: Ser consciente de esta necesidad de control es el primer paso para empezar a cambiar.
  2. Aprende a diferenciar lo que depende de ti de lo que no: Hay muchas cosas que no puedes controlar por más que quieras, haz lo que este en tus manos y acepta lo que no lo está.
  3. Déjate llevar: Esto te puede traer muchas cosas positivas y alguna que otra sorpresa.
  4. Aprende a delegar: Confía en otros y sus habilidades, además de que si delegas tareas puedes reducir tus niveles de estrés y cansancio.
  5. Pierde el miedo al fracaso: fracasar te puede ayudar a elegir un camino y a hacer las cosas de una forma diferente, tener otras experiencias, enriquecer tus habilidades, tu personalidad y a fortalecerte como persona.
  6. Gestiona los pensamientos negativos: No te centres tanto en las cosas negativas, trata de mirar lo positivo.
  7. Se más flexible: adáptate a la incertidumbre y los cambios, deja de planear todo con tanto detalle y fluye un poco más, se más espontaneo.
  8. Aprende a decir que no: Es importante que no te dejes presionar por nadie y no hagas cosas que realmente no quieres hacer e intenta no sentirte culpable cuando no puedes con todo.
  9. Acéptate a ti mismo: Eres único, con tus defectos y virtudes, agradece lo bueno que tienes e intenta cambiar o mejorar todo lo que se pueda mejorar.
  10. Dedícate tiempo a ti: tiempo para descansar o para algún hobby o hacer algo que te guste. Conviértete en tu prioridad.