Tendencias a conformar con el grupo

ANA ROMAN MARCOS

El término “influencia social” se refiere al cambio en los juicios, opiniones o actitudes de un individuo que son el resultado de su exposición a los juicios, opiniones o actitudes de otros individuos. Algunos de los fenómenos más importantes relacionados con la influencia social son: conformidad e influencia de la mayoría, obediencia a la autoridad o la influencia del grupo minoritario. Estas teorías de la conformidad social comparten la idea de que sin dirigir el comportamiento de los sujetos de manera explícita, la presencia de otros puede incrementar la consciencia del valor social que tienen ciertos patrones, determinados comportamientos, y las consecuencias sociales de los mismos; este aumento de la consciencia puede llevar a un incremento de la conformidad hacia esos patrones.

En cuanto a la conformidad o influencia de la mayoría, existen experimentos en los que podemos ver cómo el individuo acaba cayendo en la cuenta de la mayoría. Un ejemplo clásico de esto es el experimento de las líneas de Asch.

Asch invitó a 7 estudiantes a participar en un experimento de discriminación visual. Los sujetos tenían que decidir en 18 ocasiones cuál de las tres líneas era semejante en longitud a una línea patrón. La tarea era sencilla: en un grupo control de 37 sujetos que hicieron el juicio de las líneas en solitario solo 2 erraron al dar la respuesta. Sin embargo, en condición experimental grupal en la que solo una persona era participante real y el resto estaba compinchado con el experimentador, el 37% de los participantes erraron la respuesta.

A raíz del experimento de Asch se siguió investigando sobre este fenómeno de la conformidad social y los límites de este, y en qué condiciones esta conformidad aumenta o disminuye. Parece ser que cuando la persona debe emitir un juicio sobre la realidad objetiva en presencia de otros, existen dos preocupaciones principales: tener razón o generar una buena impresión ante los demás. La primera tiene que ver con la influencia informativa y la segunda con la influencia normativa. La influencia informativa se produce cuando nos fiamos más del juicio ajeno que del propio a la hora de decidir qué información es más fiable: la que dicen mis sentidos y la realidad física o lo que dicen los demás. La influencia normativa se genera cuando conformamos con el grupo por la necesidad de pertenencia que el ser humano posee por naturaleza, para no ser rechazado por el grupo.

Es importante saber que prácticamente todas las personas tendemos a entrar dentro de estos patrones sociales, por lo que, muchas veces, aunque no nos imaginemos conformando con ciertas situaciones, la presión grupal es un fenómeno que se puede dar dentro de cualquier persona. Aquellos movimientos sociales y grupales que nos pueden parecer inexplicables muchas veces se basan en fenómenos tan sencillos como estos que hemos explicado.

Deshumanización

Según la teoría social cognitiva, el ser humano actúa en base a dos objetivos, por un
lado, para conseguir un beneficio, a corto o medio plazo, o bien para evitar un problema.
Para ello actuamos según nuestras normas morales. Podemos actuar de una manera
más compasiva, empática, o bien inhibiendo y refrenando nuestros propios principios,
transgrediendo a los demás.

El ser humano tiene una tendencia innata a formar categorías o grupos sociales. Este mecanismo lo lleva a identificarse con algunos de estos grupos y diferenciarse de otros. Estas categorías están llenas de prejuicios o estereotipos y guían la manera en que nos relacionamos con nuestro propio grupo y con el resto.

En ocasiones esta diferenciación lleva a un no reconocimiento del otro como persona, provocando su denigración, negándole características humanas. De este modo legitimamos y justificamos ciertas acciones hacia el otro, por considerarle carente de características humanas.

¿En qué situaciones ocurre este fenómeno de la deshumanización?

Durante la guerra se percibe al “enemigo” en ocasiones como un animal o una persona inferior. De este modo se justifican acciones violentas hacia el otro ya que no es igual,no es tan humano. De este modo es más sencillo dañarle.

Pero no hace falta ser participe directo en el conflicto, hay otras formas de
deshumanización indirecta que provocan la denigración y la negación de aspectos humanos en los otros. Cuando justificamos y legitimamos acciones en las guerras desde nuestras casas, cuando culpamos al enemigo, cuando nuestras vidas siguen sin dar importancia a lo que está sucediendo en ese país en guerra o incluso olvidamos los conflictos.

La deshumanización tiene tres funciones:

  • Justificar la violencia entre los grupos. Al identificar al otro grupo como inferior,
    se percibe que se tienen derechos sobre sus integrantes, justificando así el uso
    de la violencia.
  • Legitimar el posicionamiento del grupo. Mostrar que el otro grupo no es tan
  • Alejar cognitivamente a la persona de eventos potencialmente traumáticos o
    Si el otro no es tan humano, es inferior, está más permitido dañarle.

Mediante estos mecanismos el ser humano justifica y minimiza sus acciones violentas hacia el otro. Le ayudan a rebajar la gravedad de las acciones cometidas, disminuyendo así su propio sufrimiento, legitimando su acción. En la sociedad actual, ¿en qué fenómenos se observa este fenómeno de la
deshumanización?.

Gema Ordás Albelo.

La relación terapéutica nace y también se hace

Hay un matiz esencial que, en mi opinión, confiere a la profesión de terapeuta o psicóloga/o un valor profundo y especial, aunque resulte una tarea exigente. En nuestra profesión, no sólo se valoran los títulos, la formación, el aprendizaje, la experiencia o el conocimiento, se valora la comprensión de la naturaleza humana, el papel fundamental de las relaciones interpersonales, las actitudes y las habilidades personales. En la relación terapéutica confluyen técnica y emoción, sabiduría y humanidad, formación permanente, actualizada, creatividad, aceptación y vivencia.

Nuestro trabajo es en el fondo un camino de autoconocimiento, y en el establecimiento de una buena relación terapéutica, se adquiere una comprensión más profunda, no sólo de nosotros mismos, sino también de los demás y de la esencia de la naturaleza humana en general, desarrollando paralelamente un corazón compasivo. Los pacientes nos enseñan, nos importan, cada uno con su propia singularidad, con su propia manera de ver e interpretar la realidad desde el lugar que ocupa en el mundo, con su historia de vida, con sus conflictos no resueltos, con heridas del alma no curadas, con problemas familiares del pasado.

Una persona con una actitud abierta, comprensiva, cálida, amable y de aceptación incondicional respeta al otro con sus necesidades y se muestra cercana, deseando lo mejor para él. Esto se expresa en multitud de maneras durante el proceso terapéutico, tal vez un paciente necesite en este preciso momento la experiencia de ser sostenido en su dolor por el terapeuta, mientras que otro necesite que se respete una cierta distancia o que se comprenda su soledad. Si el paciente se siente confirmado tal y como es por el terapeuta, esta experiencia por sí sola tiene sobre él un efecto normalizador y sanador. Será en muchas ocasiones la propia relación terapéutica la que sane, el propio terapeuta un instrumento, un catalizador para conseguir la superación del sufrimiento, el bienestar, la autorrealización y el crecimiento personal de los pacientes. El terapeuta está preparado para ello, es nuestro objetivo ofrecer esa ayuda y, a través de la relación personal con el paciente, y del uso de elementos técnicos y estratégicos se facilitará el proceso y el cambio.

Una de las tareas fundamentales del psicoterapeuta es el acompañamiento y la orientación al paciente en su proceso terapéutico, en su camino de autoconocimiento y maduración. Ésa es la grandeza de nuestro oficio y la verdadera alegría: la relación con los demás. Siendo conscientes de que al principio es difícil que el paciente desnude su alma, ponga nombre a lo que siente, encuentre una explicación a lo que le ha traído a la consulta, tome consciencia de lo que le causa dolor, lo limita y condiciona su vida e ilumine aquellos aspectos más ajustados a la realidad.

En la relación terapéutica se hace absolutamente necesario el ser honestos, genuinos, auténticos, porque a pesar de toda la experiencia y todo el saber hacer, los errores terapéuticos pueden aparecer. Aun cuando el terapeuta trate de evitarlos con todas las fuerzas, sigue siendo un ser humano limitado e imperfecto, como todos los demás. En ocasiones, se pueden poner esos errores al servicio de la sanación, cuando es posible nombrarlos, debatir sobre ellos con el paciente y aprender de toda esa experiencia. De ese modo, tendrán una función constructiva para los dos implicados: terapeuta y paciente y, con esta intención, resultará muy útil preguntarle al paciente con regularidad qué le ha ayudado y qué no del trabajo realizado en cada sesión. “¿Para qué crees que te podría venir bien?”, porque no siempre resulta fácil reajustar expectativas, fijar metas, establecer objetivos terapéuticos y hemos de hacerlo siempre con flexibilidad, adaptándonos a las necesidades y al ritmo de cada paciente.

El paciente o la paciente son los que importan y con conocimientos, habilidades, experiencia, intuición, paciencia, confianza y la inspiración creadora del terapeuta podremos dar respuesta a la realidad única de cada ser humano que llegue a nuestra consulta. En ocasiones, su avance lo sentirá desde nuestra posición como un abrazo simbólico, otras como una incómoda confrontación o una veraz prueba de realidad.

Un buen terapeuta es un artista que se presenta vestido de hombre de ciencia y la terapia, un acto creativo.

 

 Preguntas que invitan a reflexionar

  • Nos duele el dolor de los otros y, por eso, intentamos que no lo expresen, pero ocultándolo no vamos a conseguir que esa persona tenga menos dolor. Hemos de saber estar y acompañar en esos momentos sin forzar ninguna respuesta. El silencio forzado no cura, más bien devasta. Los terapeutas conocemos el poder de sanación de la palabra y de la escucha activa.
  • Tenemos que querer a nuestros pacientes, confiar en nuestros pacientes, pero no desde la misma posición, porque si me igualo a ti no te ayudo.
  • En consulta, todas las emociones son legítimas, no hay emociones buenas o malas, positivas o negativas, primarias o secundarias con respecto a su importancia, a su necesidad evolutiva o a su capacidad de adaptación para el ser humano.
  • Cómo puedo señalarle al paciente alguna conducta disfuncional sin causarle daño o provocarle una actitud defensiva o reactiva. Un principio que me resulta útil muchas veces en la terapia y que aprendí del psicoterapeuta y catedrático de psiquiatría Irvin David Yalom : “Es golpear cuando el hierro está frío”, es decir, hacer el señalamiento o la retroalimentación acerca de su comportamiento cuando está actuando de otra manera.

12 meses, 12 oportunidades. #YoMeUnoAlCambio

Según vayas leyendo este documento, te darás cuenta de que se suele infravalorar el impacto que el alcohol puede llegar a tener en nuestra salud y nuestras vidas. En general, las medidas de prevención de consumo nocivo de alcohol que propone la OMS son políticas y sociales, como por ejemplo, aumentar los impuestos sobre el alcohol. Sin embargo, a nivel personal, también proponen las siguientes medidas generales:

  • Consumir preferiblemente un máximo de medio vaso de vino al día, dejando como mínimo 1 día de descanso sin alcohol
  • Si no es posible, y preferiblemente, no sobrepasar 2 vasos de alcohol al día en hombres, y 1 en mujeres

Dadas estas recomendaciones, este mes de mayo te proponemos el siguiente reto: »Genera conciencia sobre cuánto alcohol consumes y reduce tu consumo de alcohol»

En este PDF podrás encontrar toda la información del reto. Pincha aquí para descargar el PDF.

Te animamos a que nos sigas en nuestras redes sociales @centropsicologicosmc para poder compartir tus experiencias con nosotros. Estaremos encantados de escucharte.