Construcción del concepto de uno mismo

Construcción del concepto de uno mismo

El autoconcepto hace referencia a la representación interna y cognitiva que el sujeto tiene de sí mismo (Broc, 2000). O lo que es lo mismo: se conforma de las ideas, creencias, características o atributos que uno tiene de sí mismo y que utiliza para describirse.

Esta imagen es el resultado de un proceso activo de construcción desarrollado a lo largo de toda la vida: desde el nacimiento hasta la vejez, donde llegamos a tener unas auto-percepciones muy organizadas.

El autoconcepto de uno mismo influirá significativamente en la autoestima, pues esta viene a ser el resultado de la valoración positiva o negativa que hacemos del mismo. Esta valoración se realizará, a su vez, en función de lo importante que sean para mí determinados atributos.

Así, por ejemplo, si yo tengo una imagen de mí mismo de ser poco atlético, pero para mí el deporte no es un área de valor personal, esta “incapacidad” no afectará a mi autoestima.

Ahora bien, ¿cómo se forma realmente mi autoconcepto?

Como animales sociales que somos, formamos la representación de nosotros mismos en relación con los otros y en interacción con nuestro entorno. Toman especial importancia los primeros años de vida, la infancia y adolescencia.

Construir mi autoconcepto va ligado al desarrollo de la habilidad de percibir e interpretar las actitudes de los otros durante la interacción social. Y como es de esperar, durante esta interacción, tienen un mayor impacto las actitudes y respuestas de aquellas personas que son emocionalmente significativas: familia, grupo de amigos, profesores…

Dado que es una dimensión dinámica y dependiente de la adquisición de habilidades sociales y cognitivas, se observan tres hitos evolutivos en su desarrollo:

  • Niñez temprana (2 – 4)- Self mínimo: El autoconcepto comienza a formarse cuando el niño ha conseguido percibirse así mismo como realidad diferente de los demás y reconocerse visualmente.
  • Niñez temprana a intermedia (5- 7) – Self externo: A esta edad, los niños se definen a sí mismos por rasgos y características observables, mencionando comportamientos concretos, condiciones físicas específicas, preferencias, hablando de destrezas particulares en vez de generalizar sus habilidades. Comienzan a introyectar las opiniones y expectativas de los demás.

  • Niñez intermedia a tardía (8 – 11) – Self interno: La visión de uno mismo es más contextualizada y ajustada, producto del pensamiento abstracto y crítico que caracteriza al adolescente. Se usa la comparación social con el fin de auto-evaluarse. En esta etapa se mantiene el adulto.

Hay dos tipos de aprendizajes por los que el autoconcepto se conforma: partir de aprendizajes implícitos: ¿me respondían en casa cuando hacía preguntas?, ¿mis cambios en mi aspecto físico o comportamiento eran notados?, ¿cómo reaccionaban los adultos de mi alrededor cuando intentaba, pedía o fallaba en algo? ¿se reían cuando yo hacía un chiste? etc; Y a partir de aprendizajes más explícitos: si gano una medalla en una competición de atletismo, será que soy bueno corriendo; si me ponen un sobresaliente en un examen, será que me he esforzado y/o que soy muy inteligente; si tengo muchos amigos, será que soy simpático, etc.

El otro hace de mi espejo y ofrece la retroalimentación necesaria para la configuración del concepto de uno mismo. Son sus expectativas y atribuciones sobre mí, sobre mi conducta, mis éxitos y fracasos los que van dando forma a la representación interna y estable de mí mismo.

¿Por qué trabajar el autoconcepto toma un rol importante en terapia? La respuesta es tan simple como relevante: conocerse e identificar las creencias que tengo sobre mí mismo van a condicionar mis acciones y mis acciones van a condicionar mi vida.

Es importante tener presente que el autoconcepto es una construcción, no una esencia inmutable.

Un autoconcepto favorable permite tener un sentido de autoconfianza, de autocontrol sobre la vida y sentimientos propios que te preparan para la toma de decisiones y solución de problemas (Mestre, Samper & Pérez, 2001).

¿Te has parado alguna vez a reflexionar que autoconcepto tienes? ¿cómo te describes? ¿es favorable? ¿cuánto te conoces?

En palabras de Galileo Galilei: “La mayor sabiduría que existe es conocerse a uno mismo”.

Aitana Navia López

Bibliografía:

Campo, L.A. (2014). El desarrollo del autoconcepto en niños y niñas y su relación con la interacción social en la infancia. Psicogente, 17(31), 67-79. Recuperado de http://portal.unisimonbolivar.edu.co:82/rdigital/psicogente/index.php/psicogente