El poder sanador del vínculo

De entre todos los factores implicados en que una terapia sea eficaz, sanadora y trascendente, el más significativo es, sin duda, el vínculo. Muchos cuestionan la utilidad o efectividad de la terapia, defienden que es mejor resolver lo que te ocurre solo y rechazan la idea de compartir con un desconocido algunas de las partes más íntimas de su ser. Lo cierto es que, aunque ciertamente es positivo ser autónomo y es normal ser celoso de la propia intimidad, una de las cosas que hace que la terapia pueda llegar a ser tan transformadora es que es una experiencia que ocurre en relación.

Los seres humanos somos seres sociales por naturaleza, lo cual condiciona por entero nuestro desarrollo y nuestra forma de experimentar el mundo. Estamos en continua relación con los demás y con el entorno, y esas relaciones nos van configurando, así cómo nuestra visión de los demás, del mundo y de nosotros mismos. A través de los otros aprendemos qué esperar de las relaciones, qué se espera de nosotros, lo que es aceptable y lo que no, y en qué medida somos nosotros deseables o suficiente para los demás.

A través del vínculo terapéutico tenemos la oportunidad de establecer una relación sana, basada en la confianza, la aceptación y el respeto, y de sanar muchas de las heridas relacionales que hemos sufrido a lo largo de nuestra historia. Para muchos puede que se trate de la primera relación sana que establecen en toda su vida, en la que experimenten aceptación y acogida y se sientan escuchados y valorados, marcando el inicio de una nueva forma de
vincularse que les proporcione paz y bienestar. Para otros, puede ser un campo de entrenamiento en el que desarrollar nuevas habilidades y formas de estar en el mundo y con los demás, y un lugar en el que experimentar sin miedo, probar a cambiar de rol o posicionarse en un lugar diferente que les abra todo un mundo de posibilidades. Otros pueden experimentarlo como un lugar de autoconocimiento y crecimiento personal en el que poder profundizar en aspectos de sí mismos con un otro que les acompañe, que pueda actuar como espejo y les pueda ofrecer un reflejo externo que favorezca la lucidez o el insight.

El contacto con el otro es lo que nos hace humanos, y la experiencia de compartir en un espacio seguro, sin juicio, en el que veo al otro y el otro me ve verdaderamente y tiene lugar un encuentro real entre dos personas es una de las más potentes y transformadoras que existen.

El acompañamiento psicológico es un lugar privilegiado en el que estos encuentros son la
herramienta y vehículo principal del proceso terapéutico