Etiquetado ¿Beneficioso o Iatrogénico?

No cabe la menor duda que las etiquetas diagnósticas cumplen una función muy importante y beneficiosa de cara a la comunicación entre profesionales. Comprenden una serie de características psicológicas dentro del diagnóstico descrito, que facilitan el entendimiento del malestar del paciente. También, pueden resultar muy útiles para aquellos pacientes que sienten que algo no va bien, pero no llegan a entender qué es lo que le sucede, o incluso sus amigos o familiares -al tampoco llegar a comprenderlo- le culpan de sus acciones y síntomas. En dichas situaciones, la etiqueta diagnóstica puede esclarecer todas las dudas que tenía la persona, sobre las razones de su propio malestar, pudiendo disminuir además la sensación de culpa. Al mismo tiempo, el entorno podrá comprender el porqué del malestar de la persona , entendiendo que se debe a causa del trastorno psicológico que se le ha diagnosticado. Ser más comprensivo, tanto con el pasado, como con el presente y futuro del paciente, parece el nuevo camino a seguir.

Sin embargo, a pesar de la existencia de aspectos positivos, las etiquetas diagnósticas pueden resultar iatrogénicas para el paciente.

El diagnóstico puede disminuir la angustia de la persona, pues da una explicación a su manera de actuar, pensar o sentir. Sin embargo, esa tranquilidad que aporta, en forma de justificación de su malestar, puede encasillar a la persona en lo que se denomina rol de enfermo. Es decir, la persona al formar parte de la etiqueta de un trastorno, acaba justificando cualquier acción desde la propia enfermedad que le han diagnosticado, renunciando a la potencialidad que tiene como persona para cambiar o actuar distinto. En otras palabras, para la persona la etiqueta puede convertirse en la coartada perfecta de cualquier forma de actuar. Todo pasaría a estar justificado bajo su diagnóstico y por tanto, no se le puede responsabilizar de ello. Realizando un símil, es como un barco sin capitán ni tripulación, navega donde le llevan las olas, nada puede impedirlo y nada distinto se puede esperar, pues nadie dirige el buque.

El paciente deja de ser persona, para convertirse en el trastorno que le han diagnosticado. Su identidad pasa a ser la etiqueta psicológica, que le ha proporcionado comprensión acerca de lo que le pasa, pero que al mismo tiempo ha provocado la renuncia a su libertad. La libertad y la responsabilidad son hermanas gemelas y una va siempre acompañada de la otra. Si una persona deja de considerarse responsable de sus acciones y de su vida, su libertad disminuirá proporcionalmente. Recuperarse de dicho diagnóstico que ha aparecido en su vida, parece más complicado, puesto que se está partiendo desde una posición estática en la que uno es el trastorno que padece. Es como comenzar una disputa en la que ya comienzas perdiendo.

 

Reflexiones:

¿Te gustaría que tu terapeuta te comunicara tu diagnóstico?

¿Qué es lo que más te ayudaría de saber el nombre de la etiqueta diagnóstica?

¿Qué es lo que menos te gustaría de saber tu diagnóstico?

 

Echeburúa, E., Salaberría, K., & Cruz-Sáez, M. (2014). Aportaciones y limitaciones del DSM-5

desde la Psicología Clínica. Terapia psicológica32(1), 65-74