¿Por qué nos hace sufrir la ansiedad?

La ansiedad es una emoción, y como todas las emociones se trata de una reacción fisiológica, cognitiva y fenomenológica (experimentada subjetivamente), que nos prepara para la acción (nos motiva) y que se dispara automáticamente por la evaluación -en muchas ocasiones inconsciente- de un estímulo externo o interno relacionado con nuestras necesidades y metas.

En este sentido, los estímulos que disparan las emociones están sujetos a la idiosincrasia de cada persona, pero cada una de ellas conecta con necesidades universales del ser humano como son la necesidad de seguridad, de conexión con otras personas, de protección y aislamiento para procesar pérdidas, de energía para poner límites o afrontar una nueva situación, etc. De esta manera, todas las emociones se presentan como la vía de acceso a nuestras necesidades y son tremendamente importantes para sobrevivir y vivir con salud.

En este caso, la ansiedad, presenta una función de valor vital: la capacidad de percibir una amenaza futura y movilizar los recursos necesarios para hacerla frente. Podría compararse con una alarma, que nos indica: “ algo que -percibo que- no controlo podría ocurrir”.

Ahora bien, si la ansiedad es tan funcional, ¿cuándo y por qué comienza a convertirse en algo problemático para tantas personas?

  • Cuando la amenaza conecta con heridas o bloqueos emocionales, con algo interno y vulnerable de cada uno, por tanto, se percibe como una amenaza tan grande que sobrepasa la percepción subjetiva de contar con los recursos necesarios para hacerla frente.
  • Cuando simplemente no sé identificarla y entonces las sensaciones fisiológicas asociadas son interpretadas como excesivamente nocivas y peligrosas, desencadenando una cascada de pensamientos automáticos catastrofistas que aumentarán mi sintomatología fisiológica (mayor taquicardia, hiperventilación, sudoración, nerviosismo, etc).

Uniendo ambos puntos, la ansiedad empieza a convertirse en algo realmente problemático cuando me conecta con temas personales no resueltos o con una situación extremadamente nueva, inesperada y estresante. Entonces, siento que no tengo recursos, y la ansiedad se exacerba. Empieza el bucle que me atrapa.

Además, es posible que no sepa identificarla correctamente, empiezo a evitar todas aquellas situaciones, personas, eventos y experiencias que me la generen y termino por generalizar y asociar estas respuestas de ansiedad a muchas otras esferas. ¿Qué ocurre después? Que se me para la vida, dejo áreas importantes de mi vida desatendidas, paro mi crecimiento personal y esto, como es de esperar, produce tristeza, frustración, vacío, impotencia, apatía, desesperanza, insomnio, etc.

Si sientes que a veces la ansiedad te sobrepasa, te resulta muy incómoda o percibes que hay situaciones de tu vida a las que no te enfrentas, te invito a que te hagas las siguientes preguntas

  • ¿Sabes identificar la ansiedad y qué la está generando?
  • ¿Sabes con qué de tí, de tu historia, de tu biografía, de tus aprendizajes te está conectando esa ansiedad exacerbada?
  • ¿Sabes para qué viene tu ansiedad? ¿Dejas que te gestione la vida? o ¿la gestionas tú a ella utilizando su valiosa información?

 

Aitana Navia López