Depresión funcional

La depresión funcional es un tipo de depresión que genera, en quien lo padece, sensación de tristeza y vacío, y es muy común perder el interés por actividades de la vida diaria.

¿Qué es la depresión funcional?

La depresión funcional es un tipo de depresión que genera, en quien lo padece, sensación de tristeza y vacío, y es muy común perder el interés por actividades de la vida diaria. Sin embargo, la persona continúa desempeñando sus actividades básicas funcionales como trabajar o tener interacciones sociales aparentemente normales. La autoestima está afectada, y esto provoca sensación de fracaso reiterado, y un pensamiento negativo sobre el futuro, sin esperanza. Quien lo padece puede encontrar difícil disfrutar incluso, de momentos felices y se siente incapaz de divertirse. Esta carga puede acompañar a la persona durante largos periodos de su vida, pareciendo en algunos casos más un comportamiento fruto de un carácter, por lo estable del mismo, que un trastorno psicológico.

Síntomas de la depresión funcional

Los síntomas más importantes son los que tienen relación con el estado de ánimo (tristeza, desánimo, sensación de vacío…), pero también se pueden presentar síntomas de baja autoestima, problemas para pensar con claridad, enojo y enfado… Sin olvidar síntomas fisiológicos muy característicos como pueden ser el cansancio o la falta de energía, o alteraciones en el apetito o en la higiene del sueño.

Factores de riesgo y complicaciones

Pueden suponer factores precipitantes frente a la depresión funcional, desde la genética y la herencia de padres a hijos, a los eventos estresantes, o hasta rasgos de personalidad con tendencia negativa y autocrítica. En cuanto a las complicaciones, encontramos malos hábitos, adicciones, conflictos de familia y pareja, una deficiente red de apoyo, problemas laborales, dolor crónico o convivir con enfermedades.

Causas de la depresión funcional

Se ha tratado de dar explicación a la aparición de la depresión funcional desde distintos enfoques. Encontramos explicaciones biológicas, como la que sostiene que el cerebro de una persona con depresión tiene alteradas determinadas funciones cerebrales. Otras causas estudiadas son las endocrinas, que justifican la depresión por el exceso de secreción de cortisol mantenida, y otras teorías han estudiado el mal funcionamiento de los neurotransmisores, como por ejemplo las catecolaminas en sujetos depresivos.

Por otro lado encontramos las explicaciones de naturaleza psicológica. Para empezar, describimos la importancia que presta la posición psicodinámica al concepto de “baja autoestima” que presenta la persona como consecuencia de su reacción ante “la pérdida temprana del objeto amoroso”, la consecuente respuesta de ira u hostilidad hacia ese objeto y la posterior introyección o interiorización de esta. Desde este enfoque se presta mucha atención a las pérdidas afectivas en edad temprana. Estas pérdidas generarían en el niño y posteriormente en el adulto una desmesurada sensibilización ante la pérdida, lo que le llevaría a hacerse excesivamente dependiente del afecto y la aprobación de los demás y a desarrollar un considerable déficit de autoestima. 

Estas personas, al crecer, pueden convertirse en muy vulnerables ante las experiencias futuras de pérdida, rechazo o frustración, reales o simbólicas que nos suele deparar la propia vida y responder a ellas con una reacción excesiva de depresión. Desde la perspectiva conductual podemos mencionar en primer lugar a Skinner, que refiere que la extinción de una conducta viene dada por la falta de refuerzo. Esta visión de la conducta podría explicar la reducción significativa de actividad del sujeto, como consecuencia de la ausencia de refuerzos positivos, la cual produciría desmotivación. En cuanto a las teorías cognitivas se centran en las manifestaciones o alteraciones cognitivas, es decir, cómo procesa el sujeto su propio entorno, que le puede llevar a lo que Beck (1967), denominaba la “triada cognitiva negativa”: devaluación del propio individuo, consideración negativa del entorno o del mundo que le rodea, generando desmotivación y desinterés y una proyección hacia el futuro igualmente desesperanzada y negativa, donde las cosas no van a mejorar. Esta forma anómala de pensar es la que lleva al individuo a la depresión.

Reflexiones

En todos los artículos revisados, hemos visto que la depresión, en cualquiera de sus clasificaciones, es uno de los trastornos que más prevalencia tiene, es muy incapacitante y genera mucho sufrimiento, sin embargo, no es un trastorno muy comprendido. Se empatiza con una persona triste, pero es una tentación atribuir a una falta de voluntad por parte del que la padece, el hecho de que permanezca en ese sufrimiento. Por otra parte, me ha sorprendido que en los años 80 del siglo pasado apenas se diagnosticaba la depresión y hoy en día es la segunda causa de discapacidad después de la cardiopatía isquémica (dato 2020)  

María José Asenjo 

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